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Los amores prohibidos de Kalkan son una serie de cuentos, que unidos por una ciudad y una familia imaginarias, forman una curiosa novela, o más bien, es una novela, que con una estructura poco frecuente forma una serie de diez cuentos, cada uno independiente, pero todos integrados en una unidad.

Estas narraciones entabladas en el lenguaje coloquial de nuestro país, permiten adivinar a cualquiera de los pueblos de nuestra América latina, pero se hace universal en la medida, en que –como dice el narrador- “la vida es así”, se tornan en las historias casi cotidianas que podrían sucederse en todos los lugares del planeta.

Describir los elementos, características y personajes de la literatura es conocer muy intensamente una gran parte de la vida de los pueblos y sus gentes –y suponer otra, quizás más interesante- que permite destacar ciertos acontecimientos que hacen valido el trabajo del escritor por hacer de su obra literaria el esfuerzo para mostrar el ejemplo vivo de una época, de una forma de pensar y de unas maneras de ser y de sentir.

El ser humano en todos los momentos de su existencia, siempre ha manifestado su inclinación por buscar y encontrar en los diferentes aspectos de la vida, -desde los espiritual hasta o material-, “el infierno son los demás”, decía Jean Paul Sartre, y en esa búsqueda y ese encuentro, aparece el arte como la forma de expresar las diversas inquietudes que acompañan al hombre sobre esta tierra de promisión.

“pueblo pequeño, infierno grande”, es la conclusión a la cual podemos llegar a través de la lectura de los amores prohibidos de Kalkan, puesto que allí, en forma amena, acogedora, inquietante y hasta traumática nos lleva Miguel Alberto González González, cuando por ciertos elementos paradójicos nos pone ante un final inesperado, sorprendente, recursivo y sale a flote la dosis de ingenio, creatividad y picardía tradicional en nuestra región, pero vigente siempre desde los cuentos de la literatura picaresca, que nos lleva al bajo mundo y nos permite ver el complemento de la verdadera esencia del género humano, en el Lazarillo de Tormes, en El diablo cojuelo de Vélez de Guevara o en la Historia del Buscón de Quevedo.

Con la obra literaria de Miguel se continua ese derroche de astucia paisa y suspicacia, de versatilidad y originalidad, que se plasma en las obras de nuestros cuentistas regionales situados entre la narración popular tradicional y las innovaciones modernistas de los autores del Gran Caldas, región que abarca los tres departamentos, y hace cierta la propuesta regional de integración cultural, política, económica y social que Otto Morales Benítez ha propuesto desde sus obras Cátedra caldense, teoría y aplicación de las historias locales y regionales y líneas culturales del Gran Caldas.

Autores que no solamente son un patrimonio de su terruño, sino que se tornan en narradores que a todos nos pertenecen porque las barreras geográficas han dejado de existir, brindan un amplio respaldo a la creación literaria regional, personajes como Martín Abad Adalberto Agudelo Duque, Oscar Aguirre Gómez, Alba lucía Ángel, Antonio J. Arango, Rafael Arango Villegas, Bernardo Arias Trujillo, Eduardo Arias Suárez, Fernando Arias Ramírez, Benjamín Baena Hoyos, Jaime Buitrago, Antonio Cardona Jaramillo, Iván Cocherín, José Chalarca, Néstor Gustavo Díaz, Jaime Echeverri, Octavio Escobar Giraldo, Hernando García Mejía, Rigoberto Gil Montoya, Silvio Girón Gaviria, Jorge Enrique Gómez Gómez, Susana Henao, Ana María Jaramillo, Euclides Jaramillo Arango, Humberto Jaramillo Ángel, Adel López Gómez, Eduardo López Jaramillo, Hugo López Martínez, Carlos Eduardo Marín, Antonio Mejía Gutiérrez, Ricardo Mejía Isaza, José Naranjo Gómez, Dora Cecilia Ramírez Múnera, Fernando Romero Loaiza, Dagoberto Salazar Santa, Julio Enrique Sánchez, Julián Serna Arango, Arturo Suárez, José Vélez Sáenz, Victoriano Vélez, Flóbert Zapata y con ellos otros escritores más, con una trayectoria literaria regional forman una compleja cadena universal de experiencias literarias ricas en hechos, pensamientos y sensaciones latinas de una gran sensibilidad para el lector, que encuentra en estos relatos vivencias que pueden ser propias o muy próximas, y que finalmente dejan una grata sensación de deber cumplido, porque la literatura va más allá de las palabras y se vuelven historia, historia que se vuelve literatura.

A esta preciosa lista de escritores del Gran Caldas, se une ahora el nombre de Miguel Alberto González González, un hombre nacido en Manzanares, criado en Marquetalia y residenciado en Pereira, -para confirmar que los límites regionales no existen-, con una obra que será plato fuerte para degustar y que muestra en forma universal a unos seres muy cercanos a nosotros, pero tan lejanos como nuestra moral lo permite.

Estos cuentos novelados, primera obra de Miguel González, son el preámbulo de su capacidad narrativa y el primer peldaño de una escala difícil de ascender, pero con constancia, seguridad y trabajo lo pueden llevar muy lejos.

Con un cordial saludo de bienvenida al mundo fascinante de las letras, sólo me resta invitar a los lectores para que desprevenidamente y sin prejuicios, se tomen el  tiempo para su lectura y obtengan el placer de disfrutar esta obra, convencido de que estos cuentos van a gustarles y desearles éxito  a Miguel, nueva promesa literaria, esperando que alcance las metas que como escritor se ha propuesto.

                       Jaime Ochoa Ochoa                     

Centro de documentación e investigación literaria del Gran Caldas