EMIGRANTES POR EXPERIENCIA

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Todoera bullicio e inspiración con uno que otro verso algo desproporcionado de pocadecencia y buen gusto en aquel momento, pero no faltaría la noble intención deacudir con atenciones verbales y pelandoel diente ante aquella bella joven, el amo del minino con su prospecto de galánlátino, más criollo que la arepa con agua de panela; José Federico SastoqueMurcia, un joven Boyacense de pura cepa, que salió bachiller en un modestocentro educativo de su tierra, Saboyá; ubicada al noroeste de dichoDepartamento, criado entre especies menores de doméstica tradición rural, quienaprendió el arte agrícola de los cultivos de papa y cebolla, idóneo en algunasleyes para seducir mujeres con curiosa ingenuidad ya que no atinaba preceptoalguno al confundir la filosofía con la religión, como en aquella ocasióncuando iba pasando frente a la iglesia un poco apresurado dirigiéndose hacia sumotocicleta recién comprada cuando el cura del pueblo lo vio desde dentro de laiglesia y le dijo: - Hijo, pasa a misa…-,el muy responsable joven le responde:- Nopuedo padre, porque entonces, ¿quién me cuidará mi moto?, está nuevecita y laquiero estrenar, paseándola para que se acostumbre a las calles del pueblito… -, a lo que respondió el cura con autoridad en su mirada: - Sigue muchacho que Dios te la cuidará...-Bueno-, dijo el joven algo presumido y temeroso mirando con graninsistencia hacia atrás, mientras entraba a la iglesia. No pasaron más dequince minutos cuando el padre sedisponía a comenzar la comunión y dijo:-¡Diosestá con nosotros!...-, momento en el cual, el joven confundido queda sorprendidoy se levanta enojado de su asiento diciendo: Entonces, ¡quién carajos me está cuidando mi motico… confié en usted ysu amigo Dios…ah, por eso no me gusta venir a escuchar sus clases de filosofía…!-mientras la gente algo molesta por su insolencia le miraba con desprecio y algode indignación.

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